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El peligro de soñar sueños ajenos

Este es un caso real de la serie de artículos que buscan ayudar a que el lector comprenda cómo opera la estrategia de Mentoring Empresario, para resolver las complicaciones que se presentan para dañar una empresa familiar cuando las personas no ocupan el lugar que les corresponde en lo familiar y en lo laboral, ayudándolos a ubicarse en un nuevo equilibrio con dignidad y justicia.

Roberto se recibe de arquitecto y comienza a trabajar en relación de dependencia; al tiempo se casa, se independiza comenzando a trabajar por su cuenta. 
Proyectar y edificar para terceros lo llevan a armar su propia empresa de reciclado de casas antiguas. Como no tiene capital propio, pide dinero prestado para comprar casas antiguas, arma un pequeño y eficiente equipo de trabajo, las recicla y las vende con una interesante ganancia.

Devuelve sus préstamos, y se va armando un capital suficiente para acometer su propia obra. Roberto posee habilidad profesional y habilidad comercial, en pocos años se convierte en propietario de una empresa constructora de envergadura, reconocida en plaza por la calidad de la construcción, diseño y entregas en fecha.

En cuanto a su devenir familiar, en estos años ha sido padre de tres hijos.
Al mayor Román, lo llevaba de niño a conocer las obras, lo participaba en reuniones con los capataces, se hacía acompañar por Román cuando llevaba el dinero de las quincenas.
El sueño de Roberto era de que Román siguiese sus pasos, siguiera la Carrera de Arquitectura, continuara con la Empresa, fuese su sucesor.

Román gozaba acompañando a su padre, se enorgullecía del poder que detentaba, se impresionaba del respeto que le tenían. Era uno de sus más devotos admiradores.
Pero la arquitectura NO era lo suyo. El soñaba con ser ingeniero mecánico, esa SI era su vocación.
Su pasión eran los autos. Sus olores preferidos no eran los de la cal, el cemento, la arena húmeda. El se energizaba con el olor a aceites calientes, a combustible, a caucho quemado de las gomas.

Sin embargo, Román, el Obediente, siguió arquitectura, con lo cual se convirtió en Román el Dependiente.
El Román sin interés por lo que hacía, desubicado de su propio sueño, soñando el sueño de su padre.
Días, semanas, meses y años al servicio de una Empresa Familiar. Y digo AL servicio, porque la Empresa no estaba a SU servicio. El estaba al servicio de la Empresa.

La palabra servicio no es peyorativa, puede ser prestar servicios con fines nobles, prestar servicio al cliente, ser serviciales como modo de cuidar a otro, satisfacerlo.
Según el diccionario, servir es:

  1. Obrar con lealtad o entrega al servicio de alguien o de algo ‐
  2. Trabajar o desempeñar una tarea para la persona o entidad de que se trata.
  3. Atender a alguien como criado o sirviente, realizando ciertas tareas domésticas.


Nuestro Román era un ser tristemente servicial. Se olvido de sí mismo.
Obró con lealtad, porque le fue servicial al padre y estudió algo que no le interesaba.
Se desempeñaba como Gerente de la empresa constructora, en una tarea al servicio del sostén de un cierto equilibrio interno.
Y no estaba nada lejos de realizar tareas domésticas organizadas por su padre y por la misma estructura de la empresa en un rol de alto nivel , pero prácticamente como un sirviente sin agregar ni quitar nada.

Vivía como en un sueño, sin intensidad, sin emociones, haciendo lo que se pedía de él que hiciera
Porque en realidad, y volvemos a repetirlo, no vivía su propio sueño.
El bienestar lo dis‐capacito, las cosas listas, el dinero fácil, el auto, el poder , pero no un auténtico poder, sino, por supuesto, un poder vacío, subrogado.

Román a sus 43 años, tenía todo, pero no tenía nada.
Desde lo observable, para sus amigos, sus colegas, si familia era un Hombre de Éxito. En realidad era un triste fracasado. Un fracasado con una profesión, con trabajo asegurado, dinero.

Su padre fallece y lo deja sin apoyo, sin haber desarrollado sus propios potenciales, sin saber que quería de la vida, qué cosa le entusiasmaba, que le daba placer.
Sin permitirse siquiera pensar‐se, bucear dentro de sus aspiraciones, encontrarse con el Román verdadero, ya que sentía que se le habían cortado las alas.

Si durante la presencia de su padre en la empresa, el podía “escaparse” a ocuparse de su auto de colección ( que lo tenía), de viajar a circuitos internacionales de carreras de autos, a la muerte del padre, quedo aun más entrampado porque tenía que dar informes acerca del funcionamiento de la empresa a sus hermanos y a su madre, aparte de comenzar a distribuir dividendos, que históricamente el padre reinvertía en la empresa.

Román comenzó a sentir que no sólo estaba en un mal lugar, sino que estaba dándole de comer a su familia de origen. Que tenía que dar cuenta de sus actos, si viajaba o no, si estaba “presente” cuando la familia le requería o no. Esto ya trascendía su desajuste en lo vocacional y en lo laboral, y comenzaba a convertirse en un pequeño infierno su vida personal.
Comenzó con dolores de espaldas, de piernas, síntomas de descomposturas gástricas, alta presión, migrañas, que tenían el beneficio secundario de permitirle estar ausente “con justificación “ en la empresa, pero complicándose la vida cada vez más, con un estado de malestar cada vez mayor.

La firma comenzó a decaer, y los reclamos familiares recrudecieron.
Aquí comienza el Mentoring Empresario a operar. Nunca es demasiado tarde. El trabajo inicial fue estrictamente con Román.
Su Genograma, el entender las razones por las cuales el no pudo expresarse, primero entender que quería, para luego hacerlo saber.
Hacerse cargo de SU propia responsabilidad y dejando de echar culpas a su padre por haberlo “obligado” a cursar una carrera que no le era afin y trabajar en la empresa Familiar.
Entender y reconocer el estado de subsumisión que tenia, donde fuimos descubriendo que no era solo ante el padre, o su familia de origen sino también frente a su esposa, sus suegros y hacia algún “amigo” ocasional que lo desplumaba.
Comenzamos a trabajar sobre sus deseos, sus necesidades, poniéndolos en un lugar claro, no solo de su propia conciencia, sino exponiéndolos al conocimiento de los demás.

Aprendiendo a confrontar desde su realidad el lugar que ocupaba, el sueño ajeno que soñaba. Poco a poco los malestares físicos fueron desapareciendo, dando lugar a conocer y utilizar sus propias fuerzas, desarrollar las potenciales.

Esto permitió salirse del lugar del servidor de la empresa y la familia.
De la presión de sus co‐herederos.
Acompañado por un planteo estratégico, planteó a su familia la disolución de la empresa, ya que una empresa de este porte, además tan personalizada por su padre era invendible, con el agravante de que el resto de su familia pretendía no venderla.
El no querer venderla era una postura desde una lógica egoísta indiscutida: , si ya tenían un sirviente que la sostenía y los sostenía, porqué no seguir usufructuando?

Román, ya claro en sus convicciones, habiendo remitido casi todos sus dolores corporales, buscando afanosamente su libertad, se mantuvo firme, y les aclaró que él se retiraba, si alguno de sus hermanos quisiera hacerse cargo, o su misma madre decidía hacerlo, él se convertiría en su asesor. Pero permanecería con ellos solo y únicamente en ese rol, función y tarea.

Apoyado por Mentoring Empresario, Román decidió tomar un año sabático, dejar transcurrir un tiempo desde su deslizamiento de la conducción de la empresa, que no dejaba de ser un alivio, pero también un duelo, sin abandonar ni traicionar a su familia, a la que siguió transmitiendo los saberes técnicos y empresariales que aprendiera y desarrollara en su momento.

Así fue que Mentoring Empresario ayudó y promovió a ocupar a cada miembro de esta familia, el lugar que les corresponde en lo familiar y en lo laboral, ayudándolos a ubicarse en un nuevo equilibrio con dignidad y justicia.


Agosto, 2012

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