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El Empresario Quejoso

En un tren nocturno viajaba una anciana señora lamentándose en voz alta: ay, que sed que tengo, ay que sed que tengo.

Llevaba horas con el sonsonete, hasta que un grupo de jóvenes se hizo cargo de la situación, tomaron una botella enorme, vacía de agua mineral, y pasearon por todo el tren, pidiéndole colaboración para la dama sedienta, y cada cual agrego un poco del agua que tenia reservada para la travesía.

Cuando volvieron a sus asientos, la mujer seguía con su lamento, le entregaron la botella, y ella en pocos minutos y de manera voraz se trago toda el agua.

Así como el agua se acabo, la anciana señora comenzó a lamentarse: Ay que sed que tuve, ay que sed que tuve, ay que sed que tuve………..

Verán que hay personas que viven lamentándose toda su vida, es mas viven para lamentarse.

Excluimos de esta clasificación a aquellos que tienen una dolencia corporal, donde el lamento por el dolor adquiere otro significado.

Hablamos de los quejosos, de los que se lamentan frente a quien quiera oírlos y aun frente a quien no tiene interés en escucharlos.

Y en realidad esto no corresponde con sus necesidades “insatisfechas” sino en la necesidad de ser oídos, en el mejor de los casos.
Porque aquellos que realmente necesitan ayuda la piden, son oídos y resuelven.

Es que el lamento, por sí solo, es introspectivo, mientras que la queja es acusatoria.
El lamento, cuando procura un destinatario, ingresa en el ámbito de la queja.

Libro de quejas. A veces sordamente, a veces de modo desembozado, hay empresarios que utilizan la queja para conminar al otro a realizar cosas.
Y esto es en forma de reclamo.
Esto viene atado a hacer sentir una inmensa culpabilidad y así gozar del sufrimiento, y la realidad es que hay empleados o familiares que se comportan así, al ritmo de la queja.

Entran en un juego de victimismo, en un movimiento hacia la queja y el lamento.
Es la búsqueda de protagonismo egocéntrico, y convierte en victimas a los destinatarios de sus lamentos y quejas.

Por supuesto, esto no acaba en el ámbito laboral, sino también en el familiar y en el social.

Porque están los casos, que como en nuestro breve cuento, obliga a los demás a resolver las situaciones por ella, acapara un espacio auditivo, y como las personas no tienen parpados en sus oídos, los lamento entran en cada uno de los presentes sin poderse filtrar, ocupando, no ya el espacio físico , sino un espacio mental.

Las personas que viven lamentándose y ocupan un espacio mental y físico, son verdaderos parásitos de atención.

La defensa de los que circundan al lamentante, es la de no estar en contacto, radiarlo, no ponerse a tiro de sus desdichas, generando una zona de exclusión, y dede ese lugar es facuil deslizarse a la burla, al desden.
Entonces, llega un momento donde el quejoso queda solo y resentido, y tal vez sea el único momento de realidad en el que se da cuenta que quedo solo….
Y ahí tendrá razón para quejarse.

Pero como esta clase de “victimas” terminan no comprendiendo que el problema lo comienzan ellos mismos, echaran la culpa a quien puedan de sus desdichas y los efectos disfuncionales que generan para todos.
Actitud lesiva para sus empleados y su familia y sus amigos, pero primero para él mismo.

Resumiendo, nuestro empresario encuentra placer en manifestarse como una víctima ante los demás. Esta conducta de la queja en realidad es una forma de llamar la atención, mendigando protagonismo mediante una estrategia de lamentos y forzando la compasión de los que le rodean.
De esta forma, en vez de luchar por mejorar las cosas, compite en la exhibición de sus supuestas desdichas.

El rol del Mentor, no es quitar de cuajo las quejas ni los lamentos.

El desafio es discernir que es lo que siente la persona que perdió en la vida Que le quitaron, que no pudo retener, que le desapareció, que se le murió, que se le corto, que se le fue.

Cual es la perdida que no termino de elaborar, de la que ni siquiera es conciente, cuyo dolor hace que se pase esta vida lamentándose, quejándose, buscando consuelo en el lamento, buscando a quien culpar en su queja.

Detrás de cada persona que se lamenta y se queja en lo laboral, lo familiar, lo social, hay una persona que sufre.

El papel del mentor es buscar la raíz de este dolor, llevarlo a lo conciente, ayudar a elaborar el duelo y acompañar al quejoso a establecer nuevos y límpidos lazos con su entorno.
Dandole una perspectiva de mayor alegria de vivir y dejando a los demas a vivir alegres.

Todos podemos, con ayuda, ser un poco mas felices y vivir mejor en paz.


Septiembre, 2011

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