CAUSAS Y EFECTOS DE DECIDIR SER ENTREPRENEUR

En otros escritos de los autores,
han tratado sobre como debe ser un Empresario
En esta oportunidad el foco está puesto en las diversas percepciones
asociadas al concepto de emprendedor.

Si uno navega por Google encuentra datos muy curiosos para entender cómo
funciona el prestigio de las palabras. Del término Entrepreneurship aparecen
156.000.000 resultados. Sin embargo, del vocablo Emprendedor emergen sólo
77.900.000 resultados, prácticamente la mitad de artículos.

¿Cuál es la razón de tamaña diferencia? Evidentemente, ser Entrepreneur es
más “chic”, es mucho más in que ser emprendedor.
De todos modos, bajo la éjida de ambas denominaciones se amontonan
“recetas infalibles” sobre cómo ser o cómo se empieza a ser, o cómo debería
ser un “entrepreneur/emprendedor.

Los tópicos, más o menos, son los mismos de siempre:
-Deben ceñirse a valores, apasionarse
-Deben observar y encontrar negocios, emocionarse
-Deben hacer foco, fijar objetivos, ser lo que quieran ser
-Deben no tener miedo, vivir con alegría, aceptar errores.
-Deben asumir compromisos, confiar en sí mismos

Es hilarante pretender que cualquier hijo de vecino adopte estos fetiches
aspiracionales, mezclarlos, agitarlos, batirlos o licuarlos y convertirse así en un
producto llamado “entrepreneur/emprendedor”.

Hay toda una industria, un nicho de mercado, incluso en la literatura de
autoayuda, destinados a cavilar, escribir y publicar artículos dedicados a cómo
deben ser, comportarse, buscar afanosamente las oportunidades, tener
valores, visiones y misiones, los susodichos.

El paso a paso prescribe primero admirar a los que pavimentaron un camino de
logros, extraer enseñanzas de grandes “emprendedores”, desde Steve Job
hacia el infinito, para emularlos y llegar al lugar que conquistaron.
¿Llegar a dónde? se preguntará uno. ¿A ser muy famoso, rico, como para
mover multitudes, imponer deseos y determinaciones para terminar con un
cáncer de páncreas como Steve Jobs? ¿Esto es el éxito?

Otro ejemplo siempre a mano es el de Billy Gates y su leyenda iniciática en un
garaje, pero del millón de dólares que le aportó su abuelo nadie dice ni mu.
Sólo la perorata sobre su visión y brillantez “haciéndose de abajo”.
Un producto fashion

El entrepreneur /empresario parecería encajar en el molde de un producto de
nuestro siglo, hasta casi una necesidad. Parecería que para ser emprendedor
se precisa de manuales, de instrucciones, de ejemplos.

Lo cierto es que emprendedores eran también quienes emigraban a otro país
en busca de un destino mejor.
Emprendedores eran los buscadores de oro, los zapateros a medida de la edad
media, los inventores que registraban lo que la gente necesitaba y lo articulaban
con su oficio.

Emprendedor era el que “inventó “el ventilador: un motorcito con plumas de
avestruz primero y con aspas después.
Todos ellos tenían un rasgo común: eran lectores de la necesidad,
comprendían qué precisaba la gente, desde las cosas básicas hasta las más
sofisticadas.

¿Quién de todos ellos precisó instrucciones, libros, artículos, para convertirse
en emprendedores?
Los móviles

¿Para qué convertirse en un emprendedor? La necesidad de serlo provenía de
la ambición de subsanar la carencia, comer, vestirse, dar sustento a la familia,
generar valor agregado para vivir del trabajo, de su inventiva, del esfuerzo
posterior de crecimiento. Todo ello enfundado con dosis de entusiasmo,
tolerancia a la frustración, la virtud de la paciencia, que no se aprende en los
libros para conseguir lo que se busca, probar una y otra vez.

También contaba el impulso del descontento de trabajar para otros, de librarse
de la relación de dependencia, eludir la insatisfacción de trabajar con la familia
y liberarse de la sombra paterna y animarse a ser artífice de su propio destino.
Había quienes contaban con padres adinerados que les permitía acometer
nuevas propuestas, sabiendo que si no funcionaban, estaban amparados como
para recomenzar desde otro lugar.

A otros los motivaba haber hecho un tramo de su vida con logros, y una vez
asentados acunar la sensación de vacío que les impedía continuar con sus
vidas profesionales tal como las concebían.
En un artículo anterior mencionaba que había en el mundo mucho dinero
ocioso, y sus propietarios lo destinaban para “becar a jóvenes con iniciativas,
aún sabiendo que podrían perder esa suma invertida en el 90 % de los casos,
pero que tal vez, una de las propuestas podría cuajar y la inversión resultar
rentable.

La realidad es que estos tenedores de dinero sienten que esta inversión es, a
la vez, una inversión social, porque le da cierto status y poder.
Como había que darle un nombre a esta iniciativa, el emprendedor y sus
colaboradores crean una startup, donde antes se llamaba una sociedad de
dinero y trabajo.

En determinado grupo etario esto cuaja perfectamente, porque no hay manera
de comenzar una actividad sin capital, y este capital, debido a la coyuntura
económica mundial, está a su alcance si sabe venderse, por supuesto.

Esta masa de jóvenes, por lo general universitarios, tienen mucho en común
con los inversores, que a la vez delegan en funcionarios de la misma edad o
extracción social como “agentes de venta” del dinero hacia los “becados”.
El sésamo ábrete es el business plan, que es tan incierto como el éxito
eventual del emprendimiento pero, como dijimos antes, unos precisan “aliviarse
de una pequeña parte de lo que poseen, y lo llaman “inversiones”, y los otros
precisan de ese dinero para convertir su sueño en realidad.
Reitero que por la propia dinámica del mercado ambos actores saben que el
90% se frustrará, pero todos conocen las reglas del juego.

Aquí, en esta instancia, comienza la labor del Mentor en este juego, a fin de
colaborar con el creativo y receptor del capital, no sólo para evitarle
frustraciones, sino para reducir los riesgos que conllevan el juego del error y del
acierto, evitando los pasos atrás con eficiencia, porque siempre pende como
una espada de Damocles la mirada vigilante de quien sustenta
económicamente esta aventura.

Otras franjas
De todos modos, estos tiempos no sólo traen jóvenes a la consulta del Mentor,
sino que abundan personas de la mediana edad, que ya han llegado a disfrutar
de logros económicos y sociales en sus distintas profesiones, industrias,
comercios o servicios. No obstante, a pesar de ello, viven en un estado de
equilibrio que termina, paradójicamente, provocando mucha angustia y
ansiedad, con el interrogante que se convierte en obsesión y sensación de
vacío, que muchas veces intentan llenar con síntomas y enfermedades.
Gracias a los avances de las ciencias y de la medicina tienen por delante otros
50, 40, 30 años de vida y ningún proyecto en el horizonte. Se sienten tan
paralizados, con la sensación de estar flotando entre el cielo y la tierra sin
encontrar una base firme donde apoyar sus pies y comenzar a recorrer una
nueva senda que les proporcione adrenalina, pulsiones, ansias de aprender,
esperanzas, frustraciones. En fin, seguir viviendo, no sobrevivir.
Aquí también se vuelve fundamental la presencia del Mentor. Más allá de pecar
con generalizaciones al dividir por edades los dramas internos y externos de
estas personas que prácticamente lograron sueños y objetivos. Podría decir
que estos hombres tienen todo lo que deseaban en cuanto a confort, sin
embargo, los invade una sensación de vacío. Mi experiencia me permite
realizar esta división por más aleatoria que se perciba.

El espíritu emprendedor

Entre los 45 y los 55, incluso hasta los 60 años, sobreviene la crisis de la edad
media de la vida. Hemos tratado muchas veces este estado de tener que
renunciar a determinadas fantasías, ilusiones, sueños, sobre los que ya tienen
conciencia de que deben deshacerse de ellos, para que no obstaculicen su
tránsito por la vida y la consolidación de lo que ya poseen.

Renunciar es doloroso, pero siempre afirmo, que el olvido es una función de la
memoria. Si no se pueden “olvidar” estos sueños, mandatos, fantasías,
caprichos, no hay manera de incorporar nuevos conocimientos, y situarse en
un aquí y ahora que no sólo el cuerpo les va dictando, sino que muchas veces
la realidad externa les pide a fin de dar un salto mental, cuantitativo y cualitativo
hacia nuestro tiempo.

En 1983 salió a la venta la primera personal computer de la firma Texas
Instruments. Las instrucciones para su uso constaban de 20 manuales. Hoy,
casi 40 años más tarde, llevamos cada cual una computadora en el bolsillo o
en la muñeca de nuestro brazo.

Este grupo etario nació analógico y hoy vive digital, pero debe prepararse para
otros desafíos, no sólo en el orden de los artefactos sino en el orden social, que
ha cambiado en forma drástica.

De los 45 a los 60 años, se reducen en gran escala, no sólo situaciones vitales,
sino que las personas se encuentran inscriptas en situaciones sociales, que a
veces se convierten en redes que los atrapan: matrimonio, hijos, amigos,
clientes, proveedores, colegas, que le dificultan tomar decisiones de libre
albedrío.

Envueltos en esta tela de araña, con esta realidad de tener todo pero con la
sensación de no tener nada, es cuando más precisan un acompañamiento y
una colaboración para poner en orden sus ideas, y eso sólo se consigue
teniendo a alguien a su lado, que lo escuche, que lo oriente, que absorba sus
inquietudes, que lo ayude a diagramar parte de su futuro y después poder
caminar solo.

Es imprescindible en esta época retomar la capacidad de ilusionarse,
entusiasmarse, vitalizarse buscando un proyecto nuevo, SIN RENUNCIAR A
NADA DE LO QUE YA FUNCIONA, QUE DEBE PERMANECER ESTABLE.
Y aquí irrumpe la figura del Mentor, que si es una persona en su madurez vital
e intelectual puede, además agregarle una dosis de transmisión generacional.
Hay otras franjas que comparten otras cuitas. De los 60 a los 75 años, las
personas mantienen sus necesidades de armar un proyecto vital, teniendo en
cuenta, que con la experiencia de vida que poseen, cada día que pasa va
tomando un peso específico que la persona nunca se hubiese imaginado
desarrollar.

Es la época de las jubilaciones, de cambios drásticos en su vida diaria, con la
pérdida de relaciones en su trabajo cotidiano, la caída brusca de rituales, la
cantidad de tiempo ocioso nuevo que irrumpe, y todo sucede de un día para el
otro, después de las consabidas despedidas y discursos laudatorios.
Pero la persona se encuentra de golpe sin todo aquello que lo mantenía en
actividad, y entra en una espiral de desesperanza y de un tiempo interno que lo
lleva a registrar que el día no acaba más.

Tomado con tiempo, acompañado por el mentor, puede comenzar a diagramar
un nuevo emprendimiento, que puede ser o no en el orden económico, sino de
la administración de la Empresa de su Vida.
En uno o dos años después de su jubilación, habiendo estado en relación de
dependencia o un retiro de su propia empresa, si no está deprimido y enfermo,
es porque ya encontró un camino.

En ambos casos es aconsejable la presencia del Mentor. En la fase de
abatimiento, para colaborar a fin de que salga de la depresión a través de un
proyecto que lo entusiasme, le dé fuerzas para pelear o encontrar una rica
variedad de posibilidades que antes no vislumbró.

En el caso de haber encontrado un camino de vivir y no sobrevivir, también es
importante tener una oreja que lo oiga y una espalda donde poderse reclinar.
Y ésta es también, una función del Mentor.

Desde Barcelona. Julio 2021
MENTORING EMPRESARIO
Mentor Ernesto Beibe
Mentora Celina Tuturman
Whatsapp +34 698 937 336
+34 638 741 510
celina.tuturman@mentoringempresario.com
ernesto.beibe@mentoringempresario.com
www.mentoringempresario.com

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